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En ese camino nos presenta visiones de los monstruos que han poblado su historia reciente, imágenes de la supervivencia cotidiana, retratos de paisajes y lugares y sobre todo un aliento de esperanza nacido de la tenacidad de la vida, de la existencia de la solidaridad, y de la posibilidad de la alegría. Kapuscinski llegó a África hace más de cuarenta años y se enamoró sin reservas del continente y sus habitantes. De esa mirada, enamorada pero no idealizada, y al mismo tiempo vigorosa y auténtica, nace este libro. Estando en África, el europeo no ve más que una parte de ella: por lo general, ve tan sólo su capa exterior, que a menudo no es la más interesante, ni tampoco reviste mayor importancia. Su mirada se desliza por la superficie, sin penetrar en el interior, como si no creyese que detrás de cada cosa pudiera encontrarse un misterio, misterio que, a un tiempo, se hallara encerrado en ella. Pero la cultura europea no nos ha preparado para semejantes viajes hacia el interior, hacia las fuentes de otros mundos y otras culturas.
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| Un libro fascinante en torno a un personaje de excepción: el emperador Haile Selassie de Etiopía, el Rey de Reyes, el León de Judá, el Elegil do de Dios, el Muy Altísimo Señor, Su Más Sublime Majestad, descendiente directo de Salomón, que gobernó su país como monarca absoluto durante casi cincuenta años hasta que en 1974 fue derrocado por un Consejo Revolucionario. Ryszard Kapuscinski viajó a Etiopía, se sumergió en un país azotado por una confusa guerra civil, y cautelosamente, superando desconfianzas y temores, logró entrevistar a los antiguos dignatarios de la corte imperial, así como a los servidores personales del Emperador, en su día dedicados a los más variopintos e insólitos menesteres. Los relatos orales que forman este libro son ora sobrecogedores, ora tragicómicos, en ocasiones increíbles y siempre extraordinaríamente apasionantes, componiendo el rompecabezas de una Etiopía más próxima a una espeluznante pesadilla que al sueño de las Mil y una noches en el que Selassie creía vivir. El Emperador, señor feudal dueño de vidas y haciendas, de conciencias y sentimientos, se nos presenta como un misterio que cada cual resolverá: ¿un payaso esperpéntico?, ¿un rey paternal, bondadoso y amante de su pueblo, en ocasiones severo pero siempre justo?, ¿un demente voluntariamente ignorante del mundo que le rodea, del hambre y la corrupción, y necesitado de la más ciega lealtad? Se ha dicho que este libro puede leerse simultáneamente como una crónica de la realidad en Etiopía, una alegoría de la situación en Polonia, una parábola sobre la autocracia y, last but not least, como literatura del más alto rango: sutil, elegante, irónica, absorbente.
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